El cuento de las mentiras y el abuelo Aguila Blanca.

En la tribu, había una costumbre y es que cuando ya amainaba el sol, se preparaba la hoguera común que permitía tener luz y calor, aun entrando la noche.

Se cenaba frugalmente, antes de que el atardecer, pasara del naranja al rojo, poco a poco, luciendo los ojos de los ancestros que allí arriba brillaban tal lucero en la bóveda celeste.

Los niños, los jóvenes y no tan jóvenes estaban agradecido por el día acontecido y sabían que eso produciría, sin falta, la magia de la noche.

Los ancianos se preparaban alrededor de la hoguera, en primer lugar, ¿Por costumbre, por respeto, por frioleros o por deseo de compartir?

Llama Azul, aun no lo había podido averiguar. Y así se había hecho desde siempre, no sería él quien faltaría a la costumbre.

Ya bien entrado en la adolescencia, muchas cosas le removían y más aun desde el encuentro con la tribu vecina de los Zorros.

Andaba ruminiando desde entonces y su abuelo, lo miraba de reojo, respetando su silencio y a la espera que pidiera su consejo, cuando él lo estimara necesario y por lo que veía y con lo cercana de la luna llena, no se haría esperar mucho más, su demanda.

Llama Azul, por fin, se acerco y se acurruco cerca a la hoguera donde se había instalado su abuelo y algunos más de los ancianos, otros se habían ido a descansar por lo que podía observar. Los demás miembros de la tribu se sentaron rápidamente, aunque de forma silenciosa, deseosos de ver, de una vez que sucedería esta vez con el encuentro de abuelo y nieto, que siempre daba mucho de sí.

El abuelo de Llama Azul era de lo más ancianos, pero no solo esto, es que él había viajado en soledad en épocas de su vida y había sido parte, desde entonces, del consejo de las Tribus y por ello, se sabía que todos estimaban su saber y consejo. Se le llamaba por el nombre de Águila Blanca. Tenía mucho que contar y no siempre se quedaba en las veladas. Todos sospechaban que la actitud reciente de Llama Azul tenía que ver con su presencia en la velada de la noche fría.

Miraban el fuego, sin osar emitir sonido alguno, en la espesura de la noche, a sus alrededores como en sus respiraciones. Los mocasines de Llama Azul, rozaban nerviosos el suelo, rítmicamente y sin consciencia, aun sus piernas entrelazadas por sus brazos, y mostraban que en cualquier momento, explotaría. La tensión se hizo más fuerte.

Los ojos de Águila Blanca, brillaban las llamas de la hoguera. Agradecían que las brasas calentaban el ambiente, algunos pasaron ofreciendo infusiones de hierbas y esto distendió bastante la espesura de lo que presentían podía avecinarse.

Entonces, Águila Blanca rompió el silencio: “Parece que los jóvenes de esta tribu fueron a ver la Tribu vecina… dejo caer”, con su voz grave. Llama Azul se relajo un poco, el abuelo ya sabía… algo y no tenía que empezar la conversación, se le había adelantado y se lo agradecía.

Así es, contesto, uno de los mozos, haciendo grandes restos pero son unos traidores. Nos mintieron. Si, si… saltaron otros, es verdad. ¿Que es verdad?, dijo el abuelo, con una sonrisa casi imperceptible. Los abuelos murmuraron. Los adultos se miraron los unos a los otros, sorprendidos.

¿Acaso los jóvenes no sabían que esto era un insulto y ponían en peligro la seguridad de las dos tribus? No podían jugar con estas cosas. Sin embargo también sabían que la tribu vecina no llevaba su nombre por nada.

Llama Azul sin poder contenerse más, a sabiendas del impacto, salto, se puso de pie y se soltó:

“Es cierto, lo que dice Toro Rojo, nos mintieron, usaron artimañas para conseguir llevarnos a un lugar que desconocemos y que cayéramos en su trampa, después se burlaron y nos encerraron en esa gruta, cuando ya pasado tres días, sin comer, nos soltaron, diciendo que éramos unos pardillos”

Con una seña de la mano, el abuelo, mando calma a su nieto y que volviera a sentarse.

¿Que sabéis vosotros de las mentiras? Dijo gravemente.

Es tiempo que hablemos de ello, para todos los presentes y los supuestamente ausentes. Todos miraron el fuego, los brasas cantaron.

Os contare una historia tan vieja como los primeros hombres… Cuando el gran Espíritu produjo el halo de la Vida en ellos y lo que les rodeaba y cómo surgió la primera mentira y el mundo que hoy conocemos debido a ella. Porque existen muchos tipos de mentiras pero todas decaen de ella, la primera.

Cuando viajaba por las grandes praderas, resulto que me encontré un anciano, yo entonces era joven y apuesto, andaba comiéndome el mundo y aunque respetaba las almas de los animales que me comía, muchas veces aun me olvidaba de la mía propia y mi mente, alguna que otra vez, se engironaba sobre los acontecimientos entre los rostros pálidos y sus artimañas para vencernos faltando a sus palabras y ofreciendo como presente, el liquido que en aquel entonces llamábamos de fuego, el alcohol y de esa manera habían aniquilado casi todo lo que quedaba de nuestra voluntad y poder.

La ira me invadía, invadía mi mente y todo se convertía en ment-ira.

Pero aquel anciano me monstro que aquello no era tan así. Alrededor de un fuego como este, solo los dos.

Recuerdo mi propio abuelo en la tienda de poder, con los demás ancianos fumando la pipa pre-ocupados y al final de la noche verlos llorar, resignados a que su raza ya cada vez más, pertenecía mas al otro mundo que ese, poseídos por el liquido de fuego y el alma ya errante. Ya no respetaban ni el consejo, ni los oían, ni se daban cuenta de la estrategia.

Hoy estamos aquí, en esta reserva, y eso es otra mentira, cierto?

Nadie se atrevió a decir nada.

Los jóvenes gritaran que eso es verdad y yo les diré que es falso…también. Pero si nuestra mente empieza a generar ira, lo será. Sera mentira que ellos son los que están en la reserva y que nosotros nos reservamos la libertad de nuestra alma a sentir al gran espíritu estemos donde estemos y como estemos, pues ese es el gran vuelo del águila, no necesita limites de espacios, por eso no se los pone.

Por eso, antes que se termine esta velada quiero que recordéis que la primera mentira fue creer que existe el espacio y así limitarlo y el tiempo y limitarnos. Hoy sé que mis compañeros no fueron víctimas de los rostros pálidos fueron víctimas de sí mismos por olvidar el gran espíritu y no respetar sus propias almas sin límites.

Llama Azul y tus hermanos y primos ¿quien escondió las manzanas destinadas a la tribu de los Zorros, la ultima estación?

Todos bajaron la cabeza.

Podéis salir, levanto la voz el abuelo. Detrás suyo salió el anciano de la tribu de los Zorros y la pandilla que había molestado a Llama Azul y los suyos.

Todos se quedaron es ascuas y a la defensiva.

Podéis sentaros, dijo el abuelo. Estamos en Paz. No confundamos mas lo falso con la mentira, ni la ignorancia de nuestros actos con la cosecha, ni lo inevitable que la semilla de lo que lleva dentro, que la mala hierba cada uno ha de extírpasela.

Sacad una pipa, es hora que volvamos a fumar la pipa de los ancestros y que la memoria vuelva a nuestras almas, que la libertad se llama libertad porque no puede ser arrebatada.

Salgamos de esta pesadilla y pidamos que la ignorancia y la mentira no pesen mas sobre nuestras espaldas, emprendamos de nuevo el vuelo y volvamos todos a ser hermanos.

Llama Azul, se levanto miro con amor a su abuelo y fue a por una pipa.

Águila Blanca, tenía los ojos cerrados y ya volaba a los demás mundos para invitarles a la ronda.

Eran muchos, tan diferentes e iguales, pero al fin, no eran más que uno. La convocatoria era fácil…Ahora que la sangre vieja se alimentaba de nuevo de la nueva y la nueva de la vieja.

Cristina Aurora.

(Cuaderno a mis antepasados – 01-02-2012)

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